III Domingo de Adviento

Publicado: December 14, 2025

El Obispo Anthony B. Taylor predicó la siguiente homilía el 14 de diciembre de 2025.


Obispo Taylor

Cuando pregunto a nuevos inmigrantes por qué eligieron Arkansas, la respuesta suele ser: "Conocí a alguien que ya estaba en Arkansas con quien podría quedarme temporalmente, y que me ayudaría a encontrar trabajo", alguien que ya había "preparado el camino". ¡Es por eso que tenemos la comunidad de inmigrantes de las Islas Marshall más grande de todos los Estados Unidos, en Springdale, Arkansas! Y muchos salvadoreños en Rogers y vietnamitas en Fort Smith; gente de San Felipe, Guanajuato en Lonoke y de Zacapu, Michoacán en Hamburg. Y muchos jubilados de Chicago y Milwaukee en Hot Springs Village y Mountain Home. 

¿Por qué? Porque conocían a alguien allí. Hace años algún valiente de ese lugar específico se instaló en este lugar específico y, quizás sin saberlo, preparó el camino para todos los demás. Siempre ha sido así en esta tierra de inmigrantes. Hace 100 años, los suizos y alemanes se asentaron en el valle del río Arkansas, los polacos en Marché, los eslovacos en Slovak y los italianos en Lake Village, que en su mayoría procedían de un pueblo llamado Senigallia. La gente tiende a ir donde alguien ya ha preparado el camino.

Y ese fue el papel de Juan el Bautista en el plan de Dios para nuestra salvación, excepto que preparó el camino a un destino espiritual, no a otro lugar donde aquellos que lo seguían pudieran encontrar prosperidad material, todo lo contrario. La vida de Juan el Bautista fue una de ¡pobreza! Guió a la gente a un lugar en el corazón donde prosperarían espiritualmente.

Todo lo que Dios pide es que seamos fieles, que hagamos nuestro mejor esfuerzo como lo hizo Juan el Bautista y luego dejemos el resto en las manos de Dios.

Otra cosa es que los inmigrantes hacen grandes sacrificios para que sus hijos puedan tener una vida mejor que la que ellos tenían. Es muy triste cuando sus hijos son desagradecidos y hasta avergonzados por la falta de educación de sus padres, cuando esos padres se habían sacrificado mucho para darles la educación y las oportunidades que a ellos mismos les habían sido negadas en su lugar de origen. ¡Le debemos tanto a su valentía y sus sacrificios!

Bueno, de manera similar, Juan el Bautista hizo grandes sacrificios para allanar el camino espiritualmente para que los que le siguieran estuvieran bien preparados para beneficiarse de la salvación que pronto estaría disponible para ellos en Jesús. En el Evangelio de hoy, Juan el Bautista ya está en prisión donde morirá. Mirando hacia atrás a todos sus sacrificios, empieza a sentirse inseguro acerca todo lo que ha hecho porque aún no estaba viendo los resultados que esperaba. ¿Era Jesús "realmente aquel" por cuya venida Juan había dedicado el trabajo de su vida o "deberíamos buscar a otro?" Jesús responde dirigiendo la atención de Juan a los resultados visibles de su propio ministerio: "los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva". Estos signos prueban que en Jesús ha amanecido la Era Mesiánica y Juan debe consolarse sabiendo que sus sacrificios fueron necesarios para cumplir la Escritura y así cumplir su parte en el plan de Dios para nuestra salvación: “He aquí, envío mi mensajero delante de ustedes” — delante del Mesías — "él preparará tu camino delante de ti".

¿Y no es ese, en cierta medida, nuestro rol también? Si algunos de ustedes, padres, recuerdan los sacrificios que han hecho y comienzan a sentirse inseguros acerca todo lo que han hecho porque aún no están viendo los resultados que esperaban en la vida de sus hijos, sería prudente aprender de Juan el Bautista. Él nunca vio los efectos de sus esfuerzos — murió al comienzo del ministerio público de Jesús — pero al igual que él, ustedes también pueden consolarse si saben que han hecho todo lo que estaba a su alcance para cumplir con su papel en El plan de Dios para ti y tu familia, porque eso es todo lo que Dios nos pide a cualquiera de nosotros. Los resultados reales a menudo están fuera de nuestro control...¡pero no están fuera del control de Dios! Todo lo que Dios pide es que seamos fieles, que hagamos nuestro mejor esfuerzo como lo hizo Juan el Bautista y luego dejemos el resto en las manos de Dios.