2021 — Teología III

Omar Galván, Iglesia de la Inmaculada Concepción, Fort Smith

Atiende el Seminario de San Meinrad, St. Meinrad, Indiana

Originalmente sentí el llamado al sacerdocio cuando servía como coordinador de un grupo juvenil. Todos los sábados durante esos dos años, iba al grupo de jóvenes listo para compartir experiencias. También serví en varios retiros juveniles. Durante esos dos años, sentí el llamado al sacerdocio más intensamente. Después de la preparatoria, asistí a la universidad por dos años en busca de una carrera, pero en lugar de encontrar una carrera, encontré mi vocación.

Lo bonito de la formación es, si se toma en serio, presenta grandes cambios en la vida. Por ejemplo, al revisar todo lo que he hecho durante estos años, aprendí mucho y enfrenté obstáculos. Uno de grandes descubrimientos es la forma en que he cambiado. He llegado a conocerme más a mí mismo. Puedo identificar mis debilidades y tratar, cada día, de aprender de ellas. También reconozco mis fortalezas y las utilizo para ayudar a otros.

Conociéndome a mí mismo en un sentido más profundo me ha ayudado a desarrollar una relación más significante con Dios. El proceso de llegar a conocerme a mí mismo es un trabajo entre dos hombres, Dios y yo. Dios me ha mostrado las cosas que tengo que mejorar. Para cambiar para ser mejor, tuve mucha ayuda de mi director espiritual y mis formadores. Ellos me han ayudado porque me dan el “alimento” que llevo conmigo en oración con Dios.

Desde que acepté mi vocación, viví en la Casa de Formación por cuatro años, donde obtuve títulos en español, psicología y filosofía. Ahora asisto al Seminario de San Meinrad y Escuela de Teología en el sur de Indiana. San Meinrad es un gran lugar para crecer como persona, pero especialmente como futuro sacerdote; afortunadamente, me quedan dos años para terminar mis estudios en el seminario. Un nuevo año significa nuevos obstáculos y problemas, pero también nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista.

A medida que entro a mi tercer año de teología tomaré nuevos pasos y esperaré que esos pasos me lleven a la ordenación. Estoy más que emocionado de que en menos de un año, (mayo 2020), seré, si Dios quiere, ordenado diácono. Aunque pueda estar un poco asustado, sé que no estoy solo; tengo mi formación de San Meinrad, la compañía de mis hermanos seminaristas y también sé que el pueblo de la Diócesis de Little Rock está conmigo.

El compromiso a mi vocación ha crecido cada vez más debido al pueblo de esta diócesis. Tuve el privilegio de viajar a varias parroquias para diferentes eventos. La amabilidad de la gente de la diócesis anima el compromiso de mi vocación y me hace desear el sacerdocio más que nada. Estar presente con el pueblo durante un evento de la parroquia es tan agradable.

Al ver a los parroquianos felices de verme en su actividad parroquial me hace tan feliz de servir a Dios. En ese momento, me siento bendecido y agradecido de ser parte de la vida de las personas, esperando que algún día pueda ser el que les sirve como sacerdote. Especialmente este verano, tuve el privilegio de acompañar a las personas en su sufrimiento mientras estaban en el hospital. Como capellán interno en el Hospital Bautista, aprendí que mi sacerdocio es para todos los que encuentro. Ruego a todos los que lean esto que me tengan en su oración, sé que puedo contar con oraciones de toda la Diócesis de Little Rock.

Si desea comunicarse con Omar Galván, por favor envíe un correo electrónico a Maria Izquierdo-Roque en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 17 de septiembre de 2019. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.