2021 — Teología II

Omar Galván, Iglesia de la Inmaculada Concepción, Fort Smith

Atiende el Seminario de San Meinrad, St. Meinrad, Indiana

Originalmente sentí el llamado al sacerdocio cuando servía como coordinador de un grupo juvenil. Todos los sábados durante esos dos años, iba al grupo de jóvenes listo para compartir experiencias. También serví en varios retiros juveniles. Durante esos dos años, sentí el llamado al sacerdocio más intensamente.

Después de la preparatoria, asistí a la universidad por dos años en busca de una carrera, pero en lugar de encontrar una carrera, encontré mi vocación. Lo bonito de la formación es, si se toma en serio, presenta grandes cambios en la vida.

Por ejemplo, al revisar todo lo que he hecho durante estos años, aprendí mucho y enfrenté obstáculos. Uno de los grandes descubrimientos es la forma en que he cambiado. He llegado a conocerme más a mí mismo: Puedo identificar mis debilidades y tratar, cada día, de aprender de ellas. También reconozco mis fortalezas y las utilizo para ayudar a otros.

Conociéndome a mí mismo en un sentido más profundo me ha ayudado a desarrollar una relación más significante con Dios. El proceso de llegar a conocerme a mí mismo es un trabajo entre dos hombres, Dios y yo. Dios me ha mostrado las cosas que tengo que mejorar.

Para cambiar para ser mejor, tuve mucha ayuda de mi director espiritual y mis formadores. Ellos me han ayudado porque me dan el "alimento" que llevo conmigo en oración con Dios.

Desde que acepté mi vocación, viví en la Casa de Formación por cuatro años, donde obtuve títulos en español, psicología y filosofía. Ahora asisto al Seminario St. Meinrad en Indiana, donde estudiaré teología durante los próximos cuatro años. Este nuevo cambio trae nuevos obstáculos y problemas, pero también nuevas perspectivas y nuevos puntos de vista. Anticipo comenzar este nuevo paso de mi formación con siete compañeros seminaristas de esta diócesis, a quienes llamo hermanos.

El compromiso a mi vocación ha crecido cada vez más debido al pueblo de esta diócesis. Tuve el privilegio de viajar a varias parroquias para diferentes eventos. La amabilidad de la gente de la diócesis anima el compromiso de mi vocación y me hace desear el sacerdocio más que nada. Estar presente con el pueblo durante un evento de la parroquia es tan agradable.

Al ver a los parroquianos felices de verme en su actividad parroquial me hace tan feliz de servir a Dios. En ese momento, me siento bendecido y agradecido de ser parte de la vida de las personas, esperando que algún día pueda ser el que les sirve como sacerdote.Un nuevo reto para mí es estar lejos de la gente de la diócesis, que siempre me ha animado a lo largo de mi formación. Pero sé que puedo contar con las oraciones de toda la Diócesis de Little Rock.