2027 — Lenguaje

Minh Phong Nguyen, Iglesia de San Patricio, North Little Rock

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Una vocación es una llamada divina al servicio de Dios. Mi llamado de servir a Dios comenzó cuando mi familia, mis hermanos y mi sacerdote me preguntaron acerca de mis intenciones y deseos de llevar una vida consagrada.

En el séptimo grado, nuestra parroquia ofreció una clase de vocación para ayudarnos a reconocer nuestros propósitos en la vida. ¿Para qué vivimos? ¿Cuáles son nuestros propósitos? ¿Para quién vivimos? ¿Cómo vivimos nuestras vidas? Cada vez más, mi deseo y mi devoción a Dios seguían creciendo y me di cuenta de que ya pertenecía a Dios.

Después de 3 años, dejé de ir a la clase de vocación debido a unos desafíos académicos. La presión académica me alejó de Dios. Empecé a pensar que no tenía la aptitud necesaria para la vida religiosa, como pensaba antes.

No fue hasta el final de mi último año en la escuela superior, que me di cuenta que aunque había abandonado a Dios, todavía Él me amaba profundamente. Un día, mientras conducía, comencé a quedarme dormido y casi choqué contra una grande señal de tráfico. En ese momento, sentí como si una mano me sacó y me regresó a la carretera en esa motocicleta tan cubierta de plantas.

Sabía que Dios siempre estaba a mi lado y me protegía constantemente. Su amor por mí era absoluto, pero, en cambio, yo lo amaba tan poco. Rápidamente después del incidente, volví a la clase vocacional y estaba decidido a dedicarme por completo a Dios.

Hoy, mientras que nuestra sociedad crece, la gente comienza a perder la fe en sí misma, en los demás y en Dios. Al observar mi vida y la de los demás, me he dado cuenta de que la verdadera felicidad sólo se encuentra en Dios y que nada nos dará el gozo y la felicidad eterna como Jesucristo. Con fe, comencé el camino hacia el sacerdocio.

El 6 de octubre del 2013 fue la primera vez que participé con los Misioneros Redentoristas, cuyo objetivo era imitar la palabra de Dios para los pobres. Mi deseo era ofrecer toda mi vida al servicio de Dios. Después de pasar tiempo con los hermanos en el retiro, pude encontrar el equilibrio y la armonía en mi vida. Me quedé con los Misioneros Redentoristas en Vietnam por un año, mientras asistía a la universidad.

El 16 de septiembre del 2014, un día antes de cumplir 19 años, me uní con la Misión Redentorista en Vietnam. Estaba celoso de mi hermano gemelo porque pudo pasar un cumpleaños con nuestra familia, mientras yo estaba lejos y solo. ¿Fue justo? Encontré mi respuesta poco después. Tenía a Dios a mi lado, y aunque mi familia estaba muy lejos, siempre pensaban en mí y me apoyaban.

Durante mi misión en las tierras altas de Vietnam en el 2015, tuve la oportunidad de ayudar a gente de minorías étnicas. Esto cambió toda mi perspectiva de la vida. La vida consagrada no siempre es tan fácil como había pensado. Hubo muchos desafíos debido a las diferencias en lenguaje, cultura, tradiciones, etc. y pude descubrir eso a través de la Misión Redentorista. Los desafíos y las dificultades de la vida pueden evitar que nos acerquemos más a Dios y, sin fe, caeremos.

Mi camino espiritual cambió el 2 de diciembre del 2017 cuando mi familia emigró a los Estados Unidos. A pesar de este cambio, estaba decidido a seguir dedicando mi vida a Dios. A través del Padre Tuyen Do, Dios me trajo a la Diócesis de Little Rock.

Pude conocer al Obispo Anthony B. Taylor, al Monseñor Scott Friend y a otros sacerdotes, todos hombres de gran compasión. Pude verme ser parte de esta diócesis, comenzar mi vida consagrada y estar con hermanos y sacerdotes que son acogedores y están llenos de amor.

Perseveraré con la gracia y el amor de Dios. Todos los días haré todo lo posible para servir al Señor y servir a los demás. ¡Dios nos bendiga a todos!