2023 — Teología II

John Paul Hartnedy, Iglesia de San Eduardo, Little Rock

Atiende el Seminario de la Asunción en San Antonio, Texas

Estoy en el seminario estudiando y discerniendo el sacerdocio, porque he visto en mi propia vida la necesidad y la alegría de una relación con Jesús, y estoy cada vez más seguro de que la forma más valiosa de vivir esta relación es sirviendo a otros como sacerdote.

Dios me ha dado grandes ejemplos de amor, servicio y alegría en mis padres y en mi hermana. Mis padres me enseñaron a rezar, amar a mi hermana y ayudar en la casa. También me mostraron con su ejemplo cómo pedir perdón, cómo ser paciente conmigo mismo y con los demás, y cómo desarrollar un corazón agradecido.

En realidad, son mis primeros maestros de la fe y aunque no son perfectos, me ayudan a formar en mí los primeros hábitos de amor práctico y a formar una apertura a Dios que ha alimentado mi deseo de ser sacerdote.

Me di cuenta por primera vez de que Dios me estaba invitando a ser sacerdote cuando recibí mi primera Comunión, pero me tomaría años para responder a este llamado. Junto con mi familia, hay otras personas que han guiado mi discernimiento, especialmente varios párrocos y algunos amigos cercanos. Estas personas me acompañaron a medida que crecía, apoyándome a seguir cerca de Jesús diariamente y a desarrollar los cimientos que había formado mi familia en mí.

Mi hermana también me ha ayudado en mi discernimiento. Siempre nos hemos llevado bien y, a través de nuestra relación he aprendido a reírme y encontrar el gozo en las actividades diarias, ya sea trabajando o jugando juntos. ¡Pasando tiempo juntos me ha enseñado a ser tranquilo y flexible con mis propias preferencias, así como a no tomarme demasiado en serio!

En la preparatoria, me di cuenta que tuve que responder al deseo que sentía en mi corazón para considerar el sacerdocio. Los santos no se quedan estáticos para entrar al cielo, sino conscientemente eligen amar y servir como Jesús les pide. Del mismo modo, aunque anhelaba querer lo que Jesús había planeado para mí, estaba claro que necesitaba profundizar mi relación con él y hacerlo verdadero y personal si quería vivir plenamente mi vocación.

Siguiendo el consejo de uno de mis maestros, comencé a pasar un tiempo en silencio cada día en la capilla de la escuela, ofreciéndome a Jesús y esperando recibir algo de claridad. Luché con sentimientos de dudar, de incertidumbre y de impaciencia, pero me acordé que esta relación es importante para mí y que el esfuerzo vale la pena. Debido a mis dudas y para superar los sentimientos de escrupulosidad, simplemente ofrecí lo que estaba actualmente en mi corazón: miedos, frustraciones, sueños, esperanzas, tristezas y alegrías.

Por lo general, durante este tiempo, no sentía una respuesta de Jesús, y a veces me desanimé. Sin embargo, lentamente me di cuenta de que en el tiempo que pasamos juntos, Jesús me estaba enseñando a orar honestamente, a aceptarme a mí mismo, a purificar mis deseos y a entrenar a mi corazón para reconocer y responder a sus invitaciones. Aunque todavía insistía en tener claridad sobre si debía o no ingresar al seminario justo después de la preparatoria, me di cuenta de que Jesús me estaba ofreciendo algo más importante y fundamental: una relación con él.

Si ingresaba o no al seminario, sabía que necesitaría una amistad verdadera y fiel con Cristo. Con esta realización, dejé lentamente mi terquedad en necesitar una respuesta sobre la pregunta de mi vocación. Si Jesús sólo deseaba pasar tiempo juntos, aún en silencio, me conformaría con eso y confiaría que me guiaría en mi decisión cuando llegara el tiempo.

Elegí ingresar al seminario justo después de graduarme de la preparatoria. Busqué el consejo de mi familia, hablé con el Mons. Scott Friend, director de vocaciones, y tomé una decisión de fe, seguro en las pequeñas indicaciones y movimientos de mi corazón que gradualmente me ofrecieron cierta claridad.

Los cuatro años que pasé en el Seminario de la Concepción fueron tanto formativos como beneficiosos. La mayoría de mis profesores eran monjes benedictinos de la abadía adyacente, y su manera de vivir fue un modelo para mí de cómo podía balancear las oraciones y los responsabilidades en mi propio horario. En ese tiempo también, aprendí mucho de mí mismo, y continué a discernir mi vocación: descubriendo áreas de fuerza y debilidad en mi carácter y trabajando con mi director espiritual para invitar más plenamente a Dios en todos los aspectos de mi vida.

En los últimos dos años de seminario universitario, y después en el programa de teología, tuve más oportunidades de servir a otros, a los del seminario y a los de la comunidad local. Visitar a los ancianos, servir a los indigentes en el centro de la ciudad y pasar tiempo con los alumnos en la universidad en el centro Newman me han confirmardo gradualmente el deseo de ser sacerdote. Aún más, por los trabajos pastorales en Arkansas, he podido ministrar en inglés y español, aprendiendo a ver cuán presente y comprometido es Dios con la gente de mi propia diócesis.

Experiencias como estas me alimentan en la oración, lo que a su vez me fortalece para el futuro. Servir y aprender de los que encuentro en varios ministerios han sido maneras cruciales en las que Dios me ha seguido formándome en el seminario para amar a su pueblo como sacerdote.

Me parece que si yo tengo una vocación al sacerdocio, será una invitación a una vida de alegre auto-sacrificio y una conversión continua: una vida de renunciación y de petición a Jesús y a otros por su ayuda. Uno de mis deseos más profundos que me motiva a discernir el sacerdocio es ofrecer a los que yo encuentro una oportunidad de llenar su deseo de amar y ser amado.

Quiero ayudarlos a otros a buscar a Jesús en sus vidas diarias, trabajos y relaciones, y permitir que él los ame a través de mí. Como he experimentado el amor, misericordia, fidelidad, sentido del humor y amistad de Jesús, entonces quiero ser disponible para acompañar a otras personas en su relación con él.

Si desea comunicarse con John Paul Hartnedy, por favor envíe un correo electrónico a Maria Izquierdo-Roque en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 1 de julio de 2020. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.