2022 — Teología I

Daniel Wendel, Iglesia de Cristo Rey, Little Rock

Atiende el Seminario de la Asunción en San Antonio, Texas

Cuando era más joven, los planes sobre mi futuro y el sacerdocio no estaban en vías de coincidir. Tenía planes para entrar en el ejército, ir a la universidad y jugar lacrosse. Al haber logrado todo eso, me casaría. Sin embargo, Dios tenía un plan diferente para mí que me haría feliz.

El Señor hizo mi corazón, y él sabe mejor cómo mi corazón puede amar con toda su capacidad. Sin embargo, hasta que me di cuenta de que debería haber estado escuchando mi corazón, el Señor usó a la gente en mi vida para dirigir mi mente al pensamiento del sacerdocio.

A veces colocaría la idea en mi cabeza simplemente para que pensara acerca de esta vocación. Me alejaría, determinado que mi plan se realizaría y no el de él. Me di cuenta de que el temor de perder control de lo que sucede en mi vida me estaba frenando.

Mi cambio de corazón vino durante la Semana Santa, cuando tuve una conversación espiritual con Dios, cara a cara. Él quería saber si yo, con mi vida, deseaba hacer su voluntad, ya que él estaba listo para mí. Mi "sí" a él aquel día cambió mi corazón para siempre.

Ahora mi vida está controlada por la fe; Dios me pondrá donde él quiere que yo esté. La oración, que solía ser incómoda porque tenía problemas con la quietud que implicaba, hoy es una de las cosas más importantes en mi vida. Es la conexión con el Padre nuestro que ha profundizado mi relación con él más de lo que hubiera imaginado. Realmente es el sustento que necesito para ayudarme perseverar en mi vocación.

He visto a lo largo de este año pasado que tengo que confiar aún más en la dirección de Dios. Dios me está formando en el hombre que él quiere que yo sea, y su dirección me pone a prueba en áreas donde soy débil para mostrarme en dónde tengo que crecer. Me comprometo a Dios y voy a dondequiera que él desea que yo esté.

Estoy increíblemente agradecido por las muchas personas que viajan conmigo en mi camino hacia el sacerdocio. Recibo cartas, correos electrónicos, textos y oraciones de muchas personas que me animan mucho. Me gusta estar de vuelta en las muchas parroquias de nuestra diócesis durante los meses de verano.

Al ver el amor que la gente tiene para el Señor me trae alegría y me revigoriza en mi propio camino. Me da esperanza ver que hay muchos de todas las edades que ven cómo el Señor debe ser el centro de su vida y que lo necesitamos.

Veo cómo Cristo se hace presente a su pueblo en la Eucaristía por medio de sus sacerdotes. Este es un camino en mi vida que representa seguirle a él totalmente y completamente para que él pueda cumplir su plan con todos nosotros.