2024 — Filosofía IV

Cody Eveld, Iglesia del Sagrado Corazón, Charleston

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

A lo largo de mi vida, cada vez que pensaba en ser sacerdote, probablemente no duraba más de 30 segundos. Siempre pensé que me graduaría de la universidad, iría a la escuela de leyes, practicaría abogacía y un día me casaría y tendría hijos. Mis pensamientos sobre ser sacerdote cambiaron cuando asistí a un campamento de la iglesia en el verano de 2017.

Estábamos en el tiempo de adoración y me quedé dormido. No estoy seguro de cuánto tiempo pasó, pero de repente me desperté y fui inundado con todos estos pensamientos acerca de descubrir más acerca del sacerdocio. De repente todo estaba cayendo en su lugar, cuanto más pensaba en ello, más tenía sentido. Aquella noche me alegré mucho; Creo que mi corazón fue inundado por Dios y el Espíritu Santo.

La semana siguiente, dos seminaristas, John Marconi y Joe Friend, estaban visitando mi parroquia para la evangelización de verano. Joe llamó a su tío, el Mons. Scott Friend, un día o dos después y establecimos una reunión para ese fin de semana para conversar acerca de mi discernimiento al sacerdocio. Han pasado dos años desde la primera conversación con el Mons. Friend y he crecido más de lo que podría haber imaginado en ese período.

Puedo recordar que mi primer semestre en el seminario fue difícil para mí en cuanto a las notas escolares, pero el Monseñor me animó a hacer lo mejor que pudiera. Desde entonces me he dado cuenta de que nada en mi vida funciona correctamente si no paso tiempo con el Señor. Ese primer semestre en el seminario me enseñó una lección muy importante: que mi espiritualidad no es solo una parte de mi vida, sino que es el centro que mantiene todo unido. Esta comprensión me ha ayudado a crecer en mi fe más de lo que podría haber imaginado y, como resultado, han mejorado los otros aspectos de mi vida.

Otra parte importante de mi historia es el tiempo que afortunadamente pude pasar en Cuernavaca (ciudad al sur de la ciudad de México). Allí mi familia me enseñó lecciones que nunca olvidaré. Una que me gustaría compartir me la enseñó una de mis hermanas. Un día estaba diciendo cuánto iba a extrañar a México porque la vida familiar allí es increíblemente firme. Me di cuenta de que después de solo un par de semanas ya me sentía parte de la familia.

Luego me dijo que imaginara cómo debe ser para las personas que emigran de México a los EE. UU. Señaló que para muchos es necesario. Luego me dijo que por eso cree que es tan importante para nosotros aprender la cultura para que los que están aquí por necesidad se sientan como en casa. Esta conversación tuvo un gran impacto para mí y es algo que nunca olvidaré, ya que continúo sirviendo para la Diócesis de Little Rock.

He aprendido muchas lecciones en mi corto tiempo en el seminario y me gustaría pedirles sus oraciones continuas y les doy mi más sincero agradecimiento.

Si desea comunicarse con Cody Eveld, por favor envíe un correo electrónico a Miriam Gallaher en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 17 de septiembre de 2019. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.