2026 — Filosofía III

Thomas de Prez, Iglesia del Inmaculado Corazón de María, North Little Rock

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Al crecer en una grande familia Católica, una de las preguntas en que pensaba a menudo era qué es una vocación y cómo Dios nos dice lo que es. A una edad muy temprana, comencé a pensar si Dios me llamaría al sacerdocio. Esto probablemente sucedió por los comentarios constantes de la gente después de la Misa diaria que decían que algún día sería un buen sacerdote.

Las primeras veces lo tomé como una broma, pero después de unas pocas docenas de veces que sucedió, comencé a preguntarme si Dios estaba trabajando a través de otras personas para hacerme saber cuál es mi vocación. El pensamiento creció en mi mente, y decidí mantenerlo allí, aunque probablemente no desaparecería si quisiera.

Otra experiencia que me hizo pensar más acerca del sacerdocio fue el servicio como monaguillo. Desde que recibí la primera Comunión y siendo elegible para servir, traté de aprovechar cada oportunidad que pude para servir en el altar. Esto me hizo admirar a los sacerdotes y lo que hacen. Desde que Cristo instituyó el sacerdocio por primera vez, los sacerdotes se han mantenido "en la persona de Cristo" para ofrecer los sacramentos a la Iglesia. Su sacrificio por el bien de Cristo es lo que mantiene a la iglesia viva y vibrante. Ayudando en el altar me permitió aprender más sobre lo que hace un sacerdote y tener una visión más cercana del sacrificio sagrado de la Misa.

Al crecer, mis padres tomaron su fe seriamente y fomentaron ese amor dentro de mí. Mi padre era parte de los carmelitas seculares y siempre se unía al grupo local cada vez que nos mudábamos. Mi madre, por otro lado, siempre ayudaba en las funciones de la Iglesia y me llevaba con ella. Ver lo importante que era para ellos me hizo pensar profundamente sobre mi relación con Cristo. Esto tuvo un profundo impacto en mí. Al principio me enseñaron a centrarme en lo que Dios quería que hiciera con mi vida, y me alegro de haber tomado el consejo en serio.

Para darles un poco más de información sobre mí, originalmente nací en Portland, Maine. Mi padre trabajaba para la Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) y nos mudábamos a menudo. Nos mudamos a Arkansas en el verano de 2013. Nos enteramos acerca de la Preparatoria Católica en Little Rock y queríamos que yo continuara mi educación Católica. Empecé a ir al ministerio de juventud Católica en la Iglesia de la Inmaculada Concepción para encontrar nuevos amigos, y fue allí donde aprendí por primera vez sobre las conferencias de jóvenes de Steubenville.

La conferencia, para estudiantes de preparatoria, es un retiro juvenil Católico que se centra en la Eucaristía. Había estado en varios retiros antes en mi vida, así que me inscribí pensando que esto no sería diferente. Para mi sorpresa, Steubenville fue muy diferente, pero en el buen sentido. Estaba con miles de otros jóvenes católicos que compartían mi amor por Cristo y quería tener una relación aún más profunda con él. Fue durante mi tiempo en el retiro que recibí una señal de Dios sobre mi vocación.

La adoración en Steubenville se lleva a cabo con el sacerdote tomando la Eucaristía y llevando a Jesús a través de la multitud de personas. Esto toma mucho tiempo, y solo hay un foco de atención — estar de frente ante el sacerdote y Jesús. Fue cuando la custodia pasó frente de mí que sentí algo que nunca antes había sentido, ni puedo describir con palabras. Supe en ese momento que Cristo definitivamente me estaba llamando al sacerdocio.

Cuando regresé a Arkansas, inmediatamente comencé el proceso de reunirme con sacerdotes y seminaristas, y antes de darme cuenta, estaba firmando para ingresar al seminario directamente después de la preparatoria. El primer año de seminario pasó rápidamente, y me sentí verdaderamente en casa con los otros seminaristas en el mismo camino hacia el sacerdocio.

Sin embargo, la presencia de Dios en mi vida nunca ha sido más evidente que en los últimos años en el seminario. Mi padre falleció al final de mi primer año, lo que generó mucha confusión sobre lo que debería hacer para seguir adelante. Fue en ese momento cuando ese apoyo vino de Dios, mostrándome que él siempre estaba a mi lado. Mi padre fue mi mayor defensor cuando tomé la decisión de ingresar, y me di cuenta de que todavía me estaba apoyando más que nunca, a pesar de que no podía verlo. Si bien el dolor de su fallecimiento todavía me afecta, recibo la fuerza de Dios cada día para continuar. El apoyo que también recibí de mis hermanos seminaristas también me ayudó a apreciar el camino vocacional que estoy siguiendo.

Mirando hacia atrás, es difícil creer que ya he pasado dos años de seminario. El llamado que Dios me hizo en ese retiro de Steubenville todavía se repite en mi mente y en mi corazón todos los días. Con la gracia de Dios, espero seguir trabajando para ser la persona que Cristo quiere que sea. Gracias y que Dios les bendiga.

Si desea comunicarse con Thomas de Prez, por favor envíe un correo electrónico a Maria Izquierdo-Roque en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 1 de julio de 2020. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.