2028 — Filosofía I

Jackson Nichols, Iglesia de San Pablo Apóstol, Pocahontas

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Mi historia vocacional empezó en el kindergarten. Estimaba a nuestro párroco, el Padre John Marconi, y quería ser como él. Llevaba viejos misales a casa y jugaba misa en la sala de la casa de mis abuelos. Mis hermanos menores actuaban como mis monaguillos. Me alejé de este gran llamado a medida que crecía.

Al ingresar en la secundaria, el sacerdocio era lo último en lo que pensaba. Fue así hasta que asistí a C2SI (Catholic Charities Summer Institute) antes de mi primer año de preparatoria. Fue allí donde interactué con los seminaristas y me enamoré de servir a los que están en el margen de nuestra sociedad, que es una gran parte del sacerdocio.

Aun así, seguí rechazando ese llamado. Quería hacer las cosas a mi manera. Quería conseguir un trabajo bien remunerado y tener una familia. Esto era algo que quería, aunque esto no es lo que Dios había planeado para mí.

Mientras estaba en confesión con el Padre Patrick Friend, el verano anterior a mi tercer año de preparatoria, le conté sobre estos sentimientos míos y él me dijo algo que se quedó conmigo. Me dijo que es natural desear eso, pero que como sacerdote tendría una familia aún más hermosa. Podría casarme con la Iglesia y tener a toda mi parroquia como mi rebaño, tal como lo hizo Jesús.

A medida que crecía en mi fe, el llamado se hizo cada vez más fuerte. Mientras rezaba el rosario y meditaba sobre el primer misterio gozoso, la anunciación, escuché una voz en mi cabeza que decía: "María no tenía miedo de su llamado, ¿por qué tú tienes miedo?" A medida que maduraba en mi fe, también me enamoré cada vez más de la Eucaristía. Leí muchos libros al respecto e incluso enseñé lecciones sobre la Eucaristía en la clase de educación religiosa de mi parroquia.

Aun así, mi orgullo egoísta tenía grandes planes para mi futuro y no dejaría que nada los descarrilara. Sin embargo, noté que mis planes no me hacían feliz. No me sentía emocionado de cumplir con ninguno de mis planes para el resto de mi vida y, como resultado, estaba extremadamente estresado todo el tiempo.

En este punto, decidí que necesitaba hacer un cambio. Después que mi padrastro me pidió que fuera su patrocinador en RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos), una mañana sentí un llamado muy fuerte en RICA acerca de llevar a otros a Cristo y su Iglesia. Entonces comencé a discernir más seriamente por mi cuenta y durante la Semana Santa en mi último año de preparatoria, todo estaba asegurado.

El Jueves Santo, el Padre Stephen Elser dio una homilía sobre la Eucaristía que me hizo llorar. Pensé: "Si amo la Eucaristía tanto como un laico, imagina la perspectiva como un sacerdote". Luego serví el Sábado Santo, mi noche favorita del año, y tuve tal experiencia que inmediatamente llamé al Mons. Scott Friend y expresé mi deseo de asistir al seminario.

Si desea comunicarse con Jackson Nichols, por favor envíe un correo electrónico a Maria Izquierdo-Roque en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 1 de julio de 2020. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.