2028 — Lenguaje

Hong Dai Nguyen, Catedral de San Andrés, Little Rock

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Mi nombre es Vincent Hong Dai Nguyen, y nací el 25 de febrero de 1995. Nací en una familia de agricultores en una zona rural de Nhon Hoa Ward, una ciudad de Nhon, provincia de Binh Dinh (Vietnam). Las finanzas de mi familia se basan principalmente en la producción de arroz. Recibí una educación tradicional dentro de una familia religiosa.

Desde el año 2000 a 2013, asistí a la escuela y me quedé con mi familia. Al crecer en una familia tradicionalmente Católica, mis padres siempre guiaron a los niños a vivir con un espíritu cristiano, ayudando ocasionalmente en la casa parroquial, participando en clases para mejorar nuestra vida de fe y cumpliendo con los deberes de ser Católico. Y luego, los años de vivir con mi familia terminaron cuando me gradué de la preparatoria. Tomé el examen de ingreso a la universidad, pasé el examen de ingreso y llegué a la ciudad de Ho Chi Minh.

El proceso de discernir una vocación comenzó cuando entré a la universidad. Hay muchas sorpresas para los estudiantes que hacen la transición de las provincias a las ciudades. Para mí, el miedo a la maldad, el fraude y el ambiente de la ciudad me ayudaron a ser más activo en la búsqueda de una oportunidad profesional valiosa que desarrollara mis talentos. Día a día, comencé a adaptarme a una ciudad ajetreada. Recibí muchos consejos sobre la vida espiritual por parte de sacerdotes, hermanos, hermanas y mis compañeros mientras participaba en grupos de estudiantes.

Aprendí mucho de estos grupos estudiantiles que, a su vez, me hizo más valiente. Pude participar en trabajos apostólicos y caritativos. Todos los meses, mi grupo estudiantil y yo ayudábamos en los refugios, orfanatos, hospitales y acompañábamos a los sacerdotes, hermanos y hermanas a ver pacientes menos afortunados. Después de cada viaje, sentí que era aún más afortunado que muchas personas y siempre le di las gracias a Dios en silencio.

Desde entonces, admiraba los sacrificios de sacerdotes y religiosos, y quise embarcarme en el estrecho camino de servir a los demás y vivir para ellos. También soñé con ser sacerdote o hermano para poder ayudar a más personas y poder ir a nuevas tierras como misionero. Creo que tener una naturaleza extrovertida, un deseo de trabajar duro y tener un sentido común son cualidades que podrían ayudarme en mi futuro trabajo pastoral.

Los años universitarios se sintieron como un viaje largo y difícil. Después de la escuela, tuve que encontrar un trabajo. Mi trabajo me ayudó a tener suficiente dinero para cubrir mis gastos diarios e ir a la escuela. A través del trabajo no solo me gané la vida, sino que gané las experiencias de vida y descubrí diferentes tradiciones culturales. A veces, cuando luchaba con el dinero, olvidaba que el objetivo de mi vida era ser sacerdote o hermano para ayudar a la Iglesia y a la sociedad. Por lo tanto, todos los días después de estudiar y trabajar, a menudo pasaba breves momentos al final del día pensando en mi vida, escuchando al Señor a través de mi trabajo y mis acciones y orando a Dios por ayuda.

Con el paso del tiempo, con las preocupaciones del negocio del arroz de mi familia, no pude seguir a Dios y olvidé mi camino vocacional. Tuve la suerte de conocer a un cliente que también es mi amigo y se estaba estableciendo en los Estados Unidos. Me avisó acerca de las becas católicas que ayudan a los estudiantes vietnamitas a evangelizar en la Iglesia en los Estados Unidos. Traté de arreglar una reunión con el consulado de los Estados Unidos localizado en la ciudad de Ho Chi Minh. Se puede decir que las entrevistas para mí fueron muy arduas y creí que también era la voluntad de Dios.

Fallé la entrevista dos veces ¡pero la última vez me concedieron una visa! Después del fracaso de las entrevistas, me sentí extremadamente desilusionado y pensé que Dios me dirigiría por otro camino. Siempre he rezado a Nuestra Señora de Fátima después de estos eventos y ella parecía haber aceptado mis oraciones. Mi última entrevista fue un milagro cuando el personal consular no hizo preguntas que eran demasiado difíciles para mí como las de los tiempos anteriores y finalmente me presentaron una visa.

Se puede decir que mis sentimientos cuando me otorgaron una visa eran extremadamente fabulosos, pero detrás de eso había una gran preocupación. Mi mayor preocupación era el idioma y encontrar mi vocación adecuada en un cielo desconocido. Vine a los Estados Unidos sin una palabra en inglés, así que hablarlo fue extremadamente difícil y deprimente. Era como una persona sorda y muda que podía hacer cualquier cosa menos usar el lenguaje de señas. Realmente creo que Dios arregló cada una de mis desafiantes aventuras por una razón.

Debido a mi debilidad lingüística y mis limitaciones para aprender inglés, fue difícil encontrar una vocación adecuada para mí. Agradecido por la gracia de Dios y mi presentación al Padre Tuyen Do y al Sr. Phong, me di cuenta de que Little Rock era una tierra muy pacífica, una tierra misionera y mucha gente necesitaba ayuda. Creo que este lugar tiene muchas ventajas y que complementa a mi personalidad y a mí.

Fui aún más afortunado de conocer al Padre Jack Vu y Mons. Scott Friend, a quienes no les importó la gran distancia para venir a verme y hablarme sobre mi camino vocacional. Además, estoy especialmente agradecido con el Obispo Anthony Taylor por aceptarme como seminarista de la diócesis para continuar mis estudios y tomar el camino de la vocación para servir a los demás. Estoy muy agradecido con la diócesis por recibirme y apoyarme, especialmente con sus oraciones, para que pueda mantenerme firme en este camino.

Si desea comunicarse con Hong Dai Nguyen, por favor envíe un correo electrónico a Miriam Gallaher en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 17 de septiembre de 2019. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.