Print 

3er Domingo de Cuaresma del Año B

Published: March 8, 2015

Obispo Anthony B. Taylor predicó la siguiente homilía en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Benton el domingo 8 de marzo de 2015.


Obispo Taylor

El evangelio de hoy es muy conocido: la purificación del templo, a excepción de que la versión de Juan que tenemos hoy es diferente de la que encontramos en los otros evangelios. En Mateo, Marcos y Lucas, esta acción valiente se llevó a cabo cerca del final del ministerio público de Jesús y, en lo que se refiere a sus adversarios, fue la última gota.

Marcos dice: "Los jefes de los sacerdotes y de los escribas se enteraron de esto y comenzaron a buscar una manera de acabar con él", y Mateo y Lucas dicen más o menos lo mismo — noten que no hubo ninguna mención de los fariseos.

En Juan, sin embargo, la purificación del templo se llevó a cabo a principios del ministerio de Jesús, justo después de la fiesta de las bodas de Caná, y dice que los adversarios de Jesús eran "los Judíos", vocablo que Juan usa como una especie de taquigrafía para referirse a los jefes de los sacerdotes cuya identidad es obvia en los otros evangelios.

Lo significativo de cada una de estas señales es su capacidad de revelar la identidad de Jesús y la gloria de Dios que se revela en él.

Esto es, por supuesto, una aplicación demasiado amplia del término "Judíos" porque todos los seguidores de Jesús también eran Judíos, muchos de los cuales, según el evangelio de hoy, "creyeron en él, al ver los prodigios que hacía." Tenemos que tener esto en mente cuando leemos el Evangelio de Juan, porque con demasiada frecuencia una lectura equivocada de su relato ha causado a creyentes sencillos a culpar a todos los Judíos por la muerte de Jesús, cuando en realidad estaban involucrados sólo un número relativamente pequeño de personas (¡y nadie hoy) y fueron, de hecho, los romanos — gentiles — quienes realmente mataron a Jesús.

Noten también que mientras Juan coloca la purificación del templo al comienzo del ministerio de Jesús, lo hace con miras a su futura pasión y muerte, de modo que cuando Jesús dice: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré", se está refiriendo al templo de su cuerpo. El edificio material en el que hasta entonces se han vendido y sacrificado los animales en un altar de piedra dará paso pronto al templo espiritual del cuerpo de Jesús, el verdadero Cordero de Dios vendido por 30 monedas de plata y sacrificado en el altar de la cruz.

La segunda cosa a notar es que el Evangelio de Juan habla de "señales", algunas de las cuales son milagros como en las bodas de Caná, pero otras son acciones simbólicas como la purificación del Templo hoy. Lo significativo de cada una de estas señales es su capacidad de revelar la identidad de Jesús y la gloria de Dios que se revela en él.

Estas señales tienen el propósito de abrir sus mentes para el significado subyacente de las cosas que estaban experimentando, lo cual fue crucial porque la persona que no está dispuesta a percibir este sentido subyacente será incapaz de esa fe personal que Jesús busca en sus discípulos. Muchas personas se toparon con Jesús, pero sólo le encontraron de veras aquellos que le abrieron sus corazones, y estas señales ayudaron a hacerlo posible.

¿Y no es cierto que tú y yo encontramos a Jesús con más fuerza a través de señales, incluso hoy en día? Es eso que son todos los sacramentos: "signos sensibles, instituidos por Jesucristo, para darnos la gracia." Eso es lo que es la Eucaristía: el cuerpo y la sangre de Jesús realmente presente bajo las especies del pan y el vino, y la persona que no está dispuesta a percibir esta realidad será incapaz de encontrar a Jesús a través de este sacramento — ya sea en la Misa o en la adoración, a pesar de que él está realmente allí.

Y es lo mismo con el sacramento de la confirmación y de hecho, todos los sacramentos. Así que cada vez que recibimos un sacramento, es crucial que abramos nuestras mentes y nuestros corazones para percibir a Jesús, que entra en nosotros a través de estos signos para limpiar el templo de nuestra alma, para llenarnos con su presencia y para capacitarnos con todos los dones de su Espíritu Santo.